Quiero contarles por qué estudié nutrición y por qué me dediqué al área deportiva. Desde muy pequeña practiqué varios deportes: natación, gimnasia olímpica, atletismo, kickingball, volibol, fútbol, aeróbic, taebox, kickboxing y, finalmente, running.

Desde los 17 años y hasta los 34 (en 2020 cumplí 50) impartí clases de aeróbics y tae box como pasatiempo; no vivía de ellas, pero las disfrutaba muchísimo. Incluso, una vez que me gradué de nutricionista, mis primeros pacientes fueron mis alumnos.

Durante mi adolescencia estuve muy pendiente de estar físicamente bien; me obsesionaba estar delgada y hacía cualquier cosa por lograr ese objetivo, aun a expensas de mi salud. Realizaba dietas extremas, ayunos y ejercicio en exceso. Sin embargo, también era muy competitiva y entre 1985 y 1987 participé en los maratones de aeróbic que se realizaban en Venezuela; por supuesto, siempre quería figurar entre las diez mejores.

Sin embargo, como mi alimentación era inadecuada e insuficiente, mi rendimiento no era lo esperado para las horas que dedicaba a entrenar, y a pesar de que lograba buenas posiciones, terminaba destruida.

Mis comportamientos inadecuados pasaban del hambre extrema a los atracones compulsivos. Era todo un desastre, pero sin la consciencia del daño que le hacía a mi cuerpo.

Cuando finalizaba secundaria y me tocaba decidir qué estudiar, al revisar las carreras disponibles encontré la Licenciatura en Nutrición y Dietética en la Universidad Central de Venezuela y no tuve ninguna duda en seleccionarla. Sentía que estudiar esa carrera me ayudaría a resolver mis trastornos nutricionales. Además, podría ayudar a las personas que pasaran por los mismos problemas, con estrategias de nutrición mucho más saludables y que además permitieran lograr los objetivos de composición corporal sin afectar el rendimiento y las metas deportivas en el caso de los pacientes que fueran deportistas.

Mientras estudiaba tuve muchos conflictos de ideas sobre algunas cosas, pero sabía que solo recibiría de la universidad los conocimientos básicos y que de allí en adelante sería capaz de diseñar mis propias estrategias nutricionales. En 1993 me gradué e hice mi pasantía rural: seis meses en el estado Amazonas, en plena selva. Por seguir un impulso amoroso, viví allí durante casi cuatro años. A pesar de que mi trabajo en Amazonas era en el área de salud pública, nunca me desvinculé del deporte y de la nutrición deportiva. En Puerto Ayacucho, la capital del estado, daba clases de aeróbic todas las noches luego de mi trabajo y atendía consultas sobre asuntos de nutrición deportiva, sobrepeso y obesidad.

En 1997 regresé a Caracas para hacer una maestría en nutrición humana en la Universidad Simón Bolívar. Mientras hacía el posgrado pude entender algunas cosas que no tenía totalmente claras cuando me gradué. Además, comprendí lo importante de hacer un posgrado cuando tienes experiencia laboral en el área, porque siempre intentaba dar respuesta a las interrogantes que me surgían en las consultas. No es posible debatir teorías si no tienes la oportunidad de contrastarlas con la realidad. Tan es así, que una de las cosas que más me preocupaba en mis consultas era no ser asertiva con el diagnóstico nutricional por la imprecisión en la estimación de la composición corporal de mis pacientes. En los años en que realizaba el posgrado se utilizaban algunas ecuaciones para calcular la grasa corporal y me parecía que en ocasiones los resultados no correspondían con la realidad. Llegaba un hombre con un abdomen muy pronunciado, por ejemplo, y al aplicar la ecuación el resultado era que tenía 15 por ciento de grasa corporal, pero al verlo parecía que tuviera más de 25.

“Por eso decidí que para mi tesis de maestría desarrollaría ecuaciones para calcular la grasa corporal en venezolanos a partir de variables antropométricas conocidas o nuevas”.

Lo más interesante de esta investigación fue que durante los siete años que llevaba atendiendo pacientes, cuando les preguntaba en cuáles zonas del cuerpo sentían más los cambios, reportaban tres sitios que no estaban descritos en la bibliografía y que por lo tanto no formaban parte de la ecuaciones.

Cuando desarrollé el proyecto de grado incluí, aparte de las variables ya descritas, tres más en los puntos que los pacientes me señalaban. La mayor sorpresa fue que cuando se hicieron los análisis estadísticos, dos de esas tres variables nuevas resultaron ser las más relacionadas con la grasa corporal. Una vez presentada la tesis con esos hallazgos, desarrollé ecuaciones con esas variables nuevas y son las que actualmente utilizo junto con otras de la literatura con excelentes resultados. (si quieres ver la publicación pincha aquí)

En 2001 me gradué de la maestría y me quedé en la Universidad Simón Bolívar como profesora del posgrado.

Impartía seis materias relacionadas con antropometría y composición corporal y una electiva que desarrollé llamada «Nutrición, actividad física y control de peso». En 2004 me mudé a Madrid. Durante diez meses, mientras homologaba mi título, di clases de aeróbic y taebox, y desarrollé unos cursos de nutrición deportiva que impartía en los gimnasios donde trabajaba. Sin embargo, antes de que me aprobaran la homologación de mi título universitario me propusieron matrimonio y regresé a Venezuela, a finales de 2004, para casarme. A finales de 2005 me convertí en la feliz mamá de Rodri y, en 2007, de Sabri.

Una vez que tuve a mis hijos, ya no tenía demasiado tiempo para otras cosas diferentes a ser mamá, trabajar y hacer un poco de ejercicio. Había corrido desde muy joven, pero nunca como una actividad aislada, sino como complemento de otras actividades deportivas. Desde finales de 2004 me dediqué exclusivamente a correr, porque era una actividad fácil, que podía hacer sola o acompañada, en cualquier momento y lugar, y no requería logística. En 2006 corrí mi primer maratón en Berlín y desde 2009 he realizado al menos uno o dos maratones al año (Berlín, Madrid, Chicago, Lima, y siete u ocho en Caracas).

Cuando comencé en serio con el running y con los «largos», entendí que gran parte de los problemas que se presentaban durante los entrenamientos o las carreras —cansancio, calambres, falta de energía, ausencia de mejoría en el rendimiento, estancamiento en los progresos o incumplimiento de las metas deportivas—, estaba estrechamente vinculado con la alimentación, la hidratación y las estrategias utilizadas los días previos y durante las carreras. La bibliografía disponible no respondía todas mis interrogantes como corredora. Desde entonces he tratado de responder cada una de ellas con estrategias individualizadas que permitan lograr una adecuada reposición de líquidos, electrolitos y combustible y, por lo tanto, mantener la energía hasta el final de la carrera.

Antes de sugerir esas estrategias a mis pacientes, primero las pruebo un tiempo solo yo; si resultan, las recomiendo.

Me parece increíble que a pesar de que me siento como de 20 años, ya tengo casi 30 años de graduada y 25 en la práctica de la nutrición deportiva, un área que cada día me apasiona más. ¡Cómo me entusiasma cuando mis pacientes logran sus objetivos!

Con la intención de llevar mis conocimientos y experiencias a más personas, desde hace más de diez años escribo la sección «Nutrición e hidratación deportiva» en la página Soymaratonista.com.

En el 2019 quise dar un paso más, al escribir mi libro «Corre con energía y más rápido. Nutrición e hidratación para corredores», y así poner a disposición de los corredores estrategias sencillas, prácticas y necesarias para asegurar una óptima nutrición e hidratación deportiva que les permita desarrollar todo su potencial y correr con energía y más rápido.